Entre los años 1998 y 2000, lejos del boom de las redes sociales de hoy, en el auge de la música electrónica, y estando de moda Adal Ramones y los reality show. En medio de todo esto, surgió mi vocación.
Soy el Hermano Vicente y mi historia vocacional comienza en el período de la adolescencia. Yo siempre he dicho que tuve la gran bendición de tener mi domicilio muy cerca de la Parroquia Santa Beatriz de Silva, en el sur de la ciudad de Monterrey. Esto permitió que muy pronto me integrara, a los grupos parroquiales de adolescentes, y poco a poco tener un verdadero encuentro personal con el Señor Jesús, que se hacía cada vez más profundo.
En mi comunidad parroquial, los compañeros y demás miembros de los grupos me veían como un hermano menor, y era muy común que estuviera sirviendo en las actividades o en misiones y retiros, como el miembro del grupo más joven. Ellos me llamaban “Juanito”, me identificaban con el apóstol más joven de Jesús, que después fui descubriendo como el Discípulo amado, el hijo de María, el autor de un Evangelio más espiritual.
La mirada que mis compañeros de grupos tenían sobre mí, produjo verdaderamente querer conocer más sobre la vida de este apóstol. Y por allí mismo Dios me fue guiando hasta conocer en 1997 la comunidad “Hermanos de San Juan” que me llamó mucho la atención. Muy rápidamente, me di cuenta que el Señor me llamaba a consagrar mi vida en esta comunidad.
También, durante mi adolescencia descubrí algo que me gustó mucho y que llegó a convertirse en una verdadera pasión: «comunicar». Me encantaba pasar tiempo en los medios de comunicación. Me gustaba grabar pequeños comerciales en la radio de mi casa; imitar a los presentadores de noticias; pero sobretodo, me gustaba platicar y comunicar mis ideas.
Cuando acabé la preparatoria pensé en ingresar a la Facultad de Ciencias de la Comunicación, fue el momento de tomar un pequeño alto en mi vida y preguntarme a qué estaba realmente llamado por el Señor: ¿ser comunicólogo o consagrar totalmente mi vida a Dios?
Yo no podía dejar de pensar en la figura de san Juan, él se convirtió en un verdadero modelo y ejemplo de vida, maestro y padre, que me ayudó a decir “sí” al Señor. Entonces ¿Renunciar al sueño de ser locutor de radio? Sí. ¿Fue difícil? no verdaderamente, pues encontré una alegría en dar mi vida a Jesús y convertirme en su discípulo amado, como Juan lo fue para Jesús.
En la Primera Carta de Juan, él mismo dice el propósito de su carta: “les anunciamos estas cosas para que nuestra alegría sea completa”. Esto es lo que hasta hoy, después de 16 años como hermano de San Juan, sigo siendo: “un comunicólogo de la Buena Nueva”.