Sal

#Sal y escucha…

¿Ser llamado? ¿Para qué? ¿Quién puede necesitar de mí? ¿A dónde he de ir y con quiénes para llenar el vacío de mi corazón y responder a lo que Jesús pide de mí?

En el seguimiento de Jesús nos encontraremos con muchas actitudes que nos pueden llevar a fortalecer nuestra respuesta a Dios, pero también con muchos otros aspectos que nos pueden llenar de tristeza, tal como lo experimentó el joven rico en el Evangelio (cfr. Mc 10, 17, 22).

Primero, es necesario aquietar la mente y el corazón, y en oración, preguntarle a Jesús: ¿qué es lo que pides de mí? ¿qué puedo hacer desde mi realidad? -Aún en tu fragilidad, Él ha visto algo en ti.

Sal de tu confort, sal a donde más se necesita de tus capacidades, sal a aquellos lugares a donde Dios te llama a llevar su Palabra, sal a consolar a los tristes, sal a ayudar al enfermo, sal a cuidar a los mas desprotegidos, sal a proclamar que el Reino de Dios está cerca, sal a llevar la alegría de vivir, sal a mostrar la alegría de estar con Jesús, sal a escuchar a Jesús, sal a responder, y ¡sal con la actitud firme de dejarlo todo y de seguir a Jesús a donde quiera que vaya!

“Ustedes son la sal de la tierra; pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se salará? (Mt. 5, 13). Somos llamados a ser “sal” para que las personas que escuchen la Palabra de Dios puedan darle sentido a su vida; somos llamados a ser “sal” para acompañar, para consolar, para sanar, para transformar el mundo.

¡Seamos valientes!

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