¡Has vencido tú!

Soy originaria de Mérida, Yucatán; pero crecí en la ciudad de Cancún, donde hoy residen mis padres. He pasado 9 de los 10 años que llevo de vida consagrada, en la ciudad de Monterrey.

Aunque nací en una familia católica, conocí más cercanamente a Dios a los 9 años cuando empecé a ir a la catequesis para prepararme para la Primera Comunión, y puedo decir, que Él no me dejó escapar.

No sabría decir cuándo fue la primera vez que sentí un “no sé qué” que no me dejaba tranquila, y quizá es porque siempre me esforcé por no ponerle atención o convencerme de que no existía. Cristo era mi Amigo y eso era suficiente, al menos en ese momento. El grupo al que pertenecía se llama ECyD y es parte del Movimiento Regnum Christi, esa era la primer respuesta a mi corazón, porque decirle Sí a Dios es decirle sí al propio corazón y a aquello que anhelamos en lo más profundo.

Pasó el tiempo y de cuando en cuando, en algún retiro, momentos de oración o silencio profundo, sentía en mi interior algo que me decía “más…”, acompañado de cierta insatisfacción… En alguna ocasión surgió dentro de mí la pregunta: “¿será esto una inquietud vocacional?” y casi al instante me dije: ¡No!, esto sólo es un llamado a ser mejor cristiana, y sí, siempre había algo que mejorar, crecer y ser más generosa.

Más adelante, ya en la universidad, en un momento de rutina y enfriamiento espiritual, volvió esta insatisfacción y con seguridad me respondí: ¡No!, esto sólo es un llamado a ser mejor cristiana. Así que empecé a caminar por allí, más renovada en mi amor a Jesucristo y comprometida -como diría mi mamá- “¡hasta las chanclas!” con los grupos, apostolados, retiros; pero el  “más…” de mi interior no se fue… pero ¿por qué?, era mi pregunta constante.

Cuando iba a adoración,  le decía a Jesús “ya estoy haciendo todo lo que puedo”, ¡ya no puedes seguir pidiendo más!.  Recuerdo una vez  en clase de “liderazgo educativo” acabamos hablando de líderes positivos del mundo actual y se mencionó a Madre Teresa de Calcuta y un amigo me dijo: ¡ándale Karina, vas! Y yo sólo sonreí y dije un “jeje” irónico, entonces se voltea y me dice: ¿nunca te has visualizado así? y luego sigue con un tono de seriedad: ¡yo sí te he visualizado así!… en mi interior resonó esa frase tan fuerte, como si Dios mismo me lo dijera. Entonces reconocí que sí había un camino que no había querido caminar: el discernimiento vocacional, abriéndome a un posible llamado a la vida consagrada.

Así comencé a discernir mi vocación, y conforme fue pasando el tiempo me fui encontrando más a mí misma en el camino de la vida consagrada y Dios me lo iba confirmando en la oración, en dirección espiritual, en las palabras de otras personas que iban resonando en mi interior. En una adoración nocturna de misiones, sintiendo este “más…” pregunté a Jesús ¿qué significa “más”? y sentí en mi interior su respuesta: “consagrada”, fue la primera vez que me sentí en paz de escucharlo y con la gracia de dar el paso que Él me estaba pidiendo. Éste fue un momento de gracia muy grande, pero esta historia no comenzó ahí ni terminó ahí, seguí caminando y discerniendo lo que Dios me pedía y -como siempre he dicho, aunque suene cursi-: “descubriendo la forma de mi corazón”. Finalmente me consagré el 3 de enero de 2007 de manera privada y de manera pública el 19 de agosto del mismo año.

Karina Uitz Coello, Consagrada del Regnum Christi.

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